jueves, 16 de junio de 2016

Leyendas y cuentos cortos venezolanos (7) Varios autores

Jóvenes de Cojedes en el archivo José Soto




ÁNIMA SOLA (Mercedes Franco)
Hay muchas leyendas sobre este personaje tan popular. Una de las mas conocidas refiere que se trataba de un soldado patriota, un centinela de avanzada, que sin ninguna compañía, cruzo corriendo una gran distancia para alertar a sus compañeros sobre la cercanía del enemigo. Fue muerto poco antes de llegar a su destino, pero el ruido del disparo logró lo que el soldadito buscaba: las tropas patriotas se replegaron estratégicamente y se prepararon para la lucha en mejores condiciones. Dicen que el alma de aquel heroico joven avisa a las personas de cualquier problema y salva de dificultades a sus devotos, si le reza y se le enciende una vela todas las semanas. Cuando alguien camina de un lado a otro, sin detenerse, se dice que anda “como el Anima Sola”.



ÁNIMA DE GREGORIO RIVERA
 (Mercedes Franco)
Gregorio Rivera era un rico hacendado merideño del siglo XIX. Según la leyenda, los celos lo llevaron a matar a su mujer, que se había refugiado en un convento huyendo de él. Gregorio logró entrar en el recinto, asesinó a su esposa e hirió gravemente a una de las monjas que la protegían. Logró escapar, pero al llegar a su casa, ya estaba profundamente arrepentido de su crimen. Sollozando, imploraba perdón.
Aquella noche, el espíritu de la esposa muerta apareció ante él y le reveló que se le había dado permiso para otorgarle el perdón que tanto ansiaba. Pero la condición era que debía ayudar a todos sus semejantes, hasta que llegara el día del Juicio Final. Gregorio murió al amanecer, sin causa aparente. Desde entonces, la gente de Mérida y sus alrededores comenzó a verlo aparecer en momentos de peligro, ayudando y socorriendo a los necesitados.



ÁNIMA DE LA YAGUARA (Mercedes  Franco)
En la vía hacia el Campo de Carabobo hay una pequeña capilla blanca. Muchos se detienen allí y encienden velas al “Anima de la Yaguara”. Dicen que concede lo que se le pida, siempre que se le recen las oraciones prometidas. El origen de esta vieja tradición venezolana se remonta a fines del siglo diecinueve. 
Hacia 1870 vivía en la aldea de la Yaguara, Maximiliano González, un eficiente cartero que solía ayudar generosamente a cuantos encontraba en su ruta. Un día, la gente vio con tristeza como a Maximiliano se lo llevaba la recluta. A los pocos meses la peste, que hacía estragos entre  las tropas, puso fin a su existencia. Maximiliano fue enterrado como él mismo lo pidiera, en su ruta de cartero.
Pasó el tiempo. Muchos años después, un automovilista que pasaba por el lugar se encontró de pronto atascado en el fango. Llovía mucho y el lodazal se hacía cada vez más espeso. Las ruedas estaban atoradas, y no se veía por allí a nadie que pudiera colaborar para sacar el vehículo del barrial.
De pronto, en medio de la lluvia, apareció un hombre que ofreció cordialmente su ayuda, y al fin lograron sacar el carro. Luego el viajero buscó al desconocido para agradecerle el favor, pero parecía haber desaparecido. Siguió su camino y preguntó por él más adelante. Así supo que se trataba de Maximiliano González, el ánima de la Yaguara.



DIVERSOS NOMBRES DEL DUENDE
 (Luis Arturo Domínguez)
Los duendes equivalen a los supuestos espíritus elementales conocidos en muchos países del mundo bajo diversas denominaciones. Son lascivos y se encariñan con ciertos animales del monte, los cuales utilizan para conducir a los cazadores hasta los encantos para castigarlo por haber violado el día viernes de vigilia; frecuenta los manantiales de aguas cristalinas para seducir a las mujeres inexperimentadas; asesoran a los brujos en sus malas artes y suministran grandes conocimientos de medicina botánica a los curiosos o curanderos.
Jesús Manuel Subero, con respectos a las diversas nominaciones de los duendes de muchos países de Europa, apunta y comenta: 
“El duende recibe distintos nombres en diferentes regiones y países de Europa. Así en Galicia lo llaman “Tardo”, en Asturias” Trasgu”, en Navarra, “Pisadiel”, y en Portugal, “Pasadelo”. Y prosigue: “Según refiere F. Carreras y Candy, en” Folklore y Costumbres de España”, “el mismo Trasgu” te aparece en las inglesas, se encuentra en las alemanas y se topa en las portuguesa y francesas enredando, según el autor citado a los duendes se llama en Inglaterra” Puck”, en Alemania” Kobold”, en Suiza, Troll” en Francia, “Follet”, “Goblin”, “Lutin” y otros nombres. Usa en estas partes gorro rojo. Los escoceses lo nombran” Hudharto Hudkin”, o sea el ”diablo gorro rojo”.  Y sigue:” En Holanda se le dice” Frodiken”y en Rusia,” Doomovoyes” o sea los antepasados” los muertos de la familia” y se dejan a la noche los tizones apagados con poco de rescoldo, para que ellos se puedan calentar. Agrega:” El duende viene a nosotros desde la más profunda lejanía. Consta que son muertos todavía en muchos lugares, y así, en los pueblos del Norte, los juzgaban almas en pena, que vinieron sin riendas en este mundo y están ahora condenados a peregrinar por él y las historias de duende aparecen contadas asimismo en las regiones arcaicas, como si fueran de muertos”.
De igual manera a los duendes se les conocen con los nombres de gnomos, genios, geniecillos, enanos, enanillos, pigmeos, silfos, sílfides, ninfas, ondinas, salamandra, sátiros… En Guatemala, América Central, al duende se le conoce con los nombres de: Tzitzimite, Tzipitio y sombrerón; en Venezuela se le denomina Sombrerudo, Duende y Sátiro. En algunas regiones de Bolivia se le distingue con el nombre de Novende y con relación a este personaje, el destacado estudioso del folklore en la República de Bolivia, José Felipe Costas Arguedas, escribe lo siguiente:
“El novende (o duende) es un ser pequeñito que gasta sombrero grande según unos birrete rojo y verde según otros: con capa o poncho bandaleado en colores varios”. Y sigue “Habita en los tejados de la casa de hacienda o se esconde en el horno de hacer pan. Llama la atención arrojando piedrecitas, silbando o riendo quedamente. Prefiere a los niños y les hace regalos. En el campo persigue a las pastoras y las enamora”.



ENGAÑO TRAICIÓN ESTAFA
 (Luis Britto García) 
Mercaderes ávidos nos cambian sin que lo sepamos porque los cambios mínimos nadie los nota y así los malditos nos sustituyen cédula por cédula hoy por ejemplo en la punta de la nariz mañana en el dedo pequeño del pie nos van quitando nuestro ser e instaurado fracciones mínimas del de otra u otra personas. Naturalmente que al cabo de cinco años sospechamos la estafa y nos enfurecemos pero a esas alturas ya todo es peligroso porque a los mejor somos enteramente la otra persona por quien nos han sustituido y cualquier cambio podría resultados contraproducente.         Así caso asombroso de dos personas transformadas mutuamente en la otra a través de un largo proceso, al terminar éste gritaron, cambiaron de lugar y se fue como si nada hubiera pasado. Las sustituciones nunca son tan simples como en este caso de improbabilidad casi infinita. La variación de materiales es mucho más compleja, el surtido de combinaciones, sorprendente, y la pesadumbre de uno al saber que anda todo repartido por allí inagotable; las amenazas de incesto son vagas, pero persistentes, el sobresalto de reconocerse en cierta córnea cierto poro cierto lunar, indefinido omnipresente. 
Lo bueno de estas cosas es que siempre les pasan solamente a los otros.



UNA OFERTA A DESTIEMPO
 (Gabriel Jiménez Emán)
Le ruego que acepte mi oferta, señorita. –Cásese conmigo y créame que no voy a defraudarla. Le dijo el hombre a la muchacha apuntándole con una pistola.
La muchacha estaba aterrada. Sin embargo sacó fuerzas de sus últimas fibras y le respondió.
-Primero muerta. 
-Usted se lo ha buscado, señorita – dijo el hombre, haciendo fuego.
La bala atraviesa el cuerpo de la muchacha sin causarle ningún daño. 
En ese momento llega el novio de la muchacha, se coloca a espaldas del asesino y le dispara. El asesino también ha sido atravesado por  la bala del novio y la bala no le ha hecho ningún daño, pues también estaba muerto antes de amenazar a la muchacha con la pistola.



JUEGO AL ESCONDITE
 (María Inés Pérez) 
Vera, desnuda, contó hasta cien. Su novio y su amiga corrieron tras los follajes a esconderse, ambos se acercaron a las sombras. Él le pasó la lengua por los labios, ella lo abrazó. 
Vera los buscaba y un rayo de luna iluminó a la pareja furtiva en medio del bosque. La joven los miró estática, lágrimas de cristal corrían por sus mejillas. Su cuerpo blanco, delicado, se esfumó entre la niebla y la tristeza transformó su alma en rocío. 
A la mañana siguiente, unas campesinas encontraron a vera: estaba muerta, cubierta de cristales relucientes, con los ojos abiertos, como si miraran el firmamento.



FRAGMENTO DE LA VISITA (Eduardo Mariño)
Aunque no es frecuente, tuve una breve visita.
Tengo miedo, dicho sea de paso. Todo a mí alrededor murmura inquietamente. Los muertos de mi indiferencia parecen bramar hoy por un barroco festín que jamás debió concluir. Reencarnación falsa. Un murmullo, todo se reduce a un murmullo.
Aún sigo mirando las figuras reclinadas y las geométricas plumas de fénix; hay en ellas, algo estadísticamente pronosticable incluso viniendo de ti. ¿Cada cielo es tuyo? ¿Incluyendo el breve fragmento que diviso en el agujero mayor del techo? Jamás tuve derecho al río que bien pudo llevarme lejos del bosque; lejos, de la licántropa civilización donde te hallé.



HOMENAJE A ALFREDO ARMAS ALFONZO 
(Algunos Cuentos)

1 X 1
En una comunidad de gente de indio nadie pudo explicarse nunca de dónde provino quien mostraba con tanta evidencia de lo sobrenatural una encarnación que no era como la de los santos de la iglesia, ni era como las demás gentes siquiera de toda esta servidumbre ni le guardaba parecido a los amos y a los dueños. 
Esa boca gruesa de yuca zamura, la nariz de jenjíbre el pelo como broza de bachaquero, la corpulencia animal, no se avenía a la medida de los hábitos conocidos: llevar a apotrerar los caballos, recoger el ganado siempre a la misma hora de la atardecer, aceptar que una noche no venga más a la casa la hija, decir hasta cuándo, jurarse que todo iba a terminar el día justo. Saber, por último, que un día que no sabía cuál, el menor de ellos regresaría del dispensario diciendo que la madre se la iban a llevar al hospital para hacerle unos exámenes y ver pasar las ambulancias con su ruido de amortiguadores vencidos en un viaje del cual ella no iba a regresar, ni se iban a poner a preguntar cómo hacer para traerla, bien conscientes de que los demás ya se habían acostumbrados a no reclamar el cuerpo para que sea la gobernación la que resuelva el problema. 
La mañana en que aboyó en una poza del río nadie mencionó siquiera la desgracia de dejar de ser un ser viviente, pero nadie faltó al entierro como para poseer la evidencia de que ya no existía.



                                    La Diferencia

El tal Ocho Tope no procreaba; lo contrario se bebía a sus propios hijos. Un día se hinchó y por cada uno de los poros le supuró la descendencia. La gente creía que eran los gusanos. No eran. Los gusanos carecen de ombligo.

                                   

  Metamorfosis
Capullito de Alelí carecía de manos de mujer. Capullito de Alelí poseía unas manos de pollo muerto y sancochado a las que se le quita el hollejo para aprovechar hasta el deshecho, y se las disimulaba con flores que cortaba del patio de su casa. Capullito de Alelí jamás conoció la invención del guante de raso o de patente, y si así se lo hubieran informado la habrían hecho más infeliz, porque Capullito de Alelí para distraer su locura apenas si podía concederse la luz de la luna en menguante.



                                 La Necesidad
No hallaron agua ni en La Candelaria ni en El Palote; en todo ese trecho se habían sacado las quebradas. Enrumbaron hacia Purgüey, viendo a ver si alguna piedra de moler de las que quedaron en el sitio cuando el brigadier Morales le pegó candela a San Juan Capistrano retenía una poquita, pero aquello también era un desierto y un cujizal tramado. Entonces se tuvieron que beber el líquido que le servía para la paternidad. Con ese recurso extremo nacieron de nuevo.


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