martes, 27 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (26)

Imagen en el archivo de Belleza Indígena Latinoamericana



EL DILUVIO (etnia yukpa)
Kun Apanane
 Antiguamente, al inicio de los tiempos, ocurrió una vez que las aguas de todos los mares, de todos los ríos, de todas las quebradas y todos los arroyos, salieron embravecidas de sus cauces al mismo tiempo y se unieron en una gran inundación que se llamó Kun Apanane.
Las aguas comenzaron a crecer, lo cubrieron todo, luego se desbordaron y llenaron el valle. Entonces, las personas y los animales lo abandonaron y subieron a la cima del alto monte Tetare.
Comenzó a escasear el alimento y Atancha, el primer hombre, busco voluntarios para cavar un gran hueco hasta el centro de la tierra, con el fin de hacer bajar las aguas.
El primero que se ofreció fue kava, el cangrejo, que se sumergió en las profundidades y comenzó a trabajar. Cavó y cavó por varios días, pero en lugar de hacerlo hacia el centro de la tierra, cavaba bajo el monte Tetare. Lo llamaron para alentarlo, pero cuando vino dijo que no podía seguir, estaba demasiado cansado.
Se presentó entonces kamashru, el cachicamo. Escarbó con gran ahínco por siete días luego subió al monte y les hizo saber a todos que le faltaba poco para llegar.
Volvió a bajar, y continúo su tarea hasta que llegó al centro de la tierra. Subió rápidamente y, en aquel momento, la tierra se abrió y el agua que se había reunido fluyo toda hacia el centro de ella. Por eso aún hoy en día hay ríos y corrientes subterráneas.
Sin embargo, los hombres todavía no podían descender de la montaña porque la tierra estaba llena de lodo. Temían hundirse en aquel inmenso pantano y decidieron esperar a que se secara.
Pasaron muchos soles y lunas, y un día enviaron a Kurumachu, el zamuro para  que viera si los campos se habían endurecido.
Pero Kurumachu, al darse cuenta que habían muchos animales ahogados por la  inundación, se quedó buscándolos y no volvió.
Al ver que no regresaba, enviaron a Kopto, la paloma. Kopto abrió sus alas y  voló por aquí... Por allá...
Pero no encontraba nada seco. Regresó al monte Tetare y dijo que era preciso aguardar al menos otros cuatro días para que todo terminara de secarse bien. Pasaron esos cuatro días y Kopto fue enviado nuevamente al valle. Dio un vuelo rasante y miró... Árboles, flores, frutos y, más allá , una gran hilera de montañas... Todo estaba seco.
Esta vez les anunció que ya podían bajar.
Así los hombres y sus animales bajaron con gran alegría del monte Tetare y  volvieron todos a poblar la tierra.

Tomado de “El mundo mágico de los yukpa”, Marisa Vanini y Javier Armato, Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana  (2005)


EL DUEÑO DE LA LUZ (etnia Warao)
Cuando los Warao bajaron de las nubes, vivía en la obscuridad y buscaban su comida en las tinieblas; sólo se alumbraba con la candela que sacaban de madera. En ese entonces no existía el día ni la noche.
Un hombre tenía dos hijas y se enteró que había de un joven dueño de la luz. Llamó a su hija mayor y le dijo:
- Anda donde está el dueño de la luz y me la traes. Ella tomó su mapire, su bolsa y se fue. Encontró muchos los caminos por donde iba tomando fácilmente  el que la llevó a la casa del venado. Allí se quedó un buen rato jugando con él. Después regresó con su padre, no llevaba la luz.
El padre de las muchachas resolvió enviar a la otra, a la menor: Ve donde está el muchacho dueño de la luz y me la traes.
La muchacha tomó el buen camino y rápidamente llegó a la casa del dueño de la luz. Vengo a conocerte, a ser tu amiga y a ver si me puedes dar la luz para llevársela a mi padre. No te esperaba pero ya que llegaste te quedaras a vivir conmigo. El joven tomo una caja tejida, el torotoro que tenía a su lado, y con mucho cuidado la abrió. La luz iluminó sus brazos, su pecho y sus dientes blancos, también ilumino el pelo y los ojos negros de la muchacha. Allí vio ella por primera vez la luz. El joven después de mostrársela, la guardó.
Cuentan que todos los días el muchacho sacaba la luz para jugar con la muchacha, y así pasó el tiempo, jugaban con la luz y se divertían, hasta que la muchacha recordó el recado de su padre: tenía que llevarle la luz,eso fue lo que vino a buscar.
El dueño de la luz, que era su amigo se la regaló: - toma la luz, asípodrás verlo todo.  La muchacha regresó con su  padre,  y le entrego la luz que estaba encerrada en un torotoro, en una cesta tejida. El padre tomo la caja y la guindó en uno de los troncos del palafito. De inmediato los rayos iluminaron las aguas del rio y las ramas del mangle.
Todos los pueblos del Delta del Orinoco al enterarse de esa noticia, se apresuraron para ver este fenómeno. Llegaron curiaras repletas de gente. Llegó un momento en que el palafito ya no podía soportar el peso de tanta gente curiosa y maravillada con la luz.
Tanta gente llego a esa casa  que el padre de las muchachas no soporto más, y de un manotazo lanzó la cesta hacia al cielo. Cuentan que la masa de luz voló hacia el Este y se convirtió en Sol, pero en cambio la cesta tejida voló hacia el Oeste y surgió la Luna.

Tomado de Cuentos Indígenas Venezolanos de Antonio Pérez-Esclarin y Alexander Hernández. Distribuidora Estudios. Caracas (1996)


LA CREACIÓN DEL PERRO Y DEL TIGRE (etnia piaroa)
Kwoimoi creó al tigre a puño limpio. Lo creó para que se comiera los desperdicios.
—El tigre es mi perro –dijo–, y luego se llevó al animal a Jerenyefi, donde vivía su familia. Wajari se enteró que Kwoimoi había creado un perro muy singular y
con fama de ser excelente cazador. Kwawañamu le dijo: —Está bien, esposo. Vete a la churuata de mi padre y trae un cachorro, si es posible que sea hembra. Pero no importa tampoco que sea macho.
Wajari sopló su tabaco y su yopo. Así se protegió contra el tigre y luego se despidió de su esposa: —¡Si no regreso en cinco días, da por seguro que fui asesinado!
Wajari entró en la churuata de Kwoimoi, los hijos del dueño de la casa estaban jugando. Wajari les preguntó que dónde estaba su padre. —Está durmiendo –respondieron los niños (ya que el cauteloso Wajari había hecho dormir a Kwoimoi).
Los niños se pusieron a mover el chinchorro para despertar a Kwoimoi, que se despertó con un gemido y frotándose los ojos soñolientos, preguntó: —Sobrino, ¿Por qué has venido? Acércate más, ¡déjame verte! Pero en realidad le mandaba que se acercara para matarlo.
Los tres niños sabían que Kwoimoi era malo y comenzaron a regañarlo: —¿No sabes que hay que brindarle tabacos al capitán que viene de visita? Recibe a Wajari de acuerdo con su fama. ¡No puedes portarte así con el capitán que viene a visitarte!
Kwoimoi tenía aún mucho sueño, pero le brindó un tabaco a Wajari que no se lo fumó, sino que lo dejó consumirse. En cambio, Kwoimoi quiso del tabaco de Wajari. Wajari con anterioridad había soplado un cigarro, y fue esto lo que dio a Kwoimoi. El humo del cigarro soplado le quitó a Kwoimoi sus instintos criminales y sonriendo le dio un abrazo a Wajari. Kwoimoi preguntó:
— ¿Por dónde anda mi hija, tu esposa? Quisiera verla. Tráela, vengan a visitarme. No soy malo. No digo nada malo de ti.
Wajari respondió: —Tu hija me mandó a verte, por eso vine. Hace tiempo nos dijiste que si no teníamos hijos, tuviéramos un animal y lo tratáramos como si fuera un niño. Por eso vine a verte. Kwoimoi preguntó:
— ¿Qué me pagas por eso? Este perro es muy caro. No habla y no trabaja como el hombre, pero vale mucho. Por el perro tienes que darme una cerbatana, un rallo y cuentas.
Wajari le preguntó: —¿Tu perro es buen cazador? ¿Atrapa toda clase de animales? Kwoimoi respondió: —Este perro no es cazador.
Y dijo esto porque no quería que más tarde Wajari le hiciera reproches si el perro no era tan buen cazador como pensaba. —No quiero discutir contigo por culpa del perro. Por eso no permito que te lo lleves.
Así Kwoimoi no quiso cambiar el perro. Wajari le dijo: —¡Sí! ¡Quédate con el perro! Wajari se enojó e hizo al perro peligroso para todo el mundo y lo transformó en caníbal. Además trae peligros tan grandes, que el mismo perro se muere.
Los tres hijos de Kwoimoi propusieron: —Padre, si alguien viene a vernos, regálale el jaguar. Porque también se enojarán y le soplarán magia al animal, como hizo tu sobrino.
Wajari le dijo a Kwoimoi: —¿Tú crees que es un perro de verdad? No es buen cazador, no es buen perro. Tengo una gran familia y muchos amigos, blancos, guajibos  y otros. Y ellos me darán un verdadero perro. ¡El tuyo no es perro, sino
Tigre! ¡Me voy a buscar al verdadero perro! Y se fue.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).


EL DIOS DEL ORDEN (Etnia Barí)
Cuentan que antes la tierra era oscura, sin orden Todo era un caos y nada tenía una forma precisa. Entonces, y de la región  por donde ahora se oculta el Sol, llegó Sabaseba con su familia. Allá vivían.
 Sabaseba con mucha curia y paciencia, trabajó modelando la tierra hasta darle orden.
 Así la tierra obtuvo su forma actual: llana y  con un sentido para que corran las aguas y la puedan habitar y disfrutar los animales, la gente, los bosques.
 Cuando Sabaseba ordenó la tierra, comenzó la vida: caía la lluvia y las nubes viajaban por los cielos, y el trueno retumbaba, ya que se vea el arcoiris  llenar el aire de color. Y se hizo un día con el Sol, y con la noche vino la Luna.
 Este dios Sabaseba trabajó mucho, como lo haría un Barí y cuando tuvo hambre cortó piñas. De la primera piña que partió salió un Barí hombre, de la segunda una mujer: Barira y de la tercera un niño: Bakurita. Todos ellos alegres. Esta primera gente ayudó a Sabaseba en su trabajo de arreglar y ordenar el mundo.
 Ellos, además, enseñaron a los Barí las artes y los oficios: pescar, cazar, construir un bohío, tejer las cestas, hacer los chinchorros y los vestidos.
 Los animales, la otra gente que no es Barí y muchos otros seres que no son gente ni animal, son dioses y espíritus buenos y malos, salieron todos de las cenizas de una vieja que mató a su nieto, lo asó y se lo comió. Entonces los padres del niño la mataron y la quemaron, y luego esparcieron esas cenizas. De ella nacieron los blancos, los negros, los Yuko–Yukpa, los guajiros  y muchos espíritus.
 Por último, Sabaseba les dio a los Barí, reglas de respeto entre ellos y normas de comportamiento.


Texto tomado de: Raíces, Mitos, Relatos y Leyendas, compilación de Bety Triana y Néstor Mendoza de la Editorial Montaña Mágica, Santa Fe de Bogotá, 1997. 

lunes, 26 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (25)


Niñas pemón en el archivo de la ETAI-Smarayi


SAPANAKA Y SAKAIKA (etnia pemón)
En aquellos tiempos el Pájaro Carpintero era una persona igual que yo, igual que los demás.
Y Sakaika también era una persona, Martín Pescador. El Martín Pescador iba todos los días al río, se encaramaba en una rama. El Martín Pescador se echa al agua – shick – y los peces creyeron que es una presa salen pues a comer, y es cuando él aprovecha para flecharlos.
Y así todos los días iba y traía pescado, sabía pescar. Y Sapanaka era agricultor, y por eso se le veía en las ramas tocando -trrrr-  tumbando su conuco. Porque él hace agujeros en los árboles y los tumba.
Entonces un día el Pájaro Carpintero se enamora de la hija de Sakaika, y éste se le cede para que sea su mujer. Y como los suegros tienen derecho de invitar a que colaboren con él, Sakaika invitó a su yerno a pescar. Y van a pescar. El Martín Pescador empieza su faena en el agua, y cuando salían los peces –los flechaba: uno, tres, cuatro, cinco, diez, veinte, treinta; y el pobre Pájaro Carpintero, que nunca había ido a pescar, no pescó ni uno. Y se regresaron, un poco apenado el yerno pero el suegro no le decía nada. Al otro día el yerno también invita a su suegro, le dice: Mira, suegro, venga también a ayudarme. Te acompañé y yo quisiera también que me ayudaras, que colabores conmigo en tumbar mi conuco. Sakaika se fue a ver cómo era el conuco. Bueno, el Pájaro Carpintero comienza a cortar su conuco – ta, trrr, ta, ta – el Sakaika, el Martín Pescador, no cortó ni un palo, porque no estaba acostumbrado. Entonces de este cuento la enseñanza que nos dan los viejos es que cada quien tiene que ser lo que es. Que no debe aspirar lo que no puede alcanzar. Y esa es la enseñanza: que nos dan con ese cuento.

Tomado de Pataamunaanü´nin: Nuestras Tierras son de nosotros (Etnia Pemón). Carlos Figueroa. Ediciones El Pueblo. Ciudad Bolívar. (2005)


EL BÚHO KOTRE (etnia yukpa)
Junto a un río desconocido, en un lugar secreto, vivía hace mucho tiempo la familia kotre. Era una familia numerosa y muy trabajadora pero bastante misteriosa.
Un día, un yukpa cazador encontró en su camino a un ratón. Lo traspasó con su flecha y lo guardó en el mayu, la pequeña mochila que siempre llevan los yukpa. En ese muy momento vio cerca de un árbol a un hombre que parecía extranjero. Era un Kotre. 
¿No has visto por aquí a un venado que yo perseguía?.  _ Preguntó el Kotre.
-No, lo único que vi fue un ratón. Lo cacé y lo tengo aquí en mi mayu - dijo el
yukpa mostrando su trofeo.
-¡Ese es el venado que yo buscaba! - Exclamo el kotre. El yukpa se echó a reír:    
-¡Pero si es tan solo un pequeño ratón!     
- Te digo que es un enorme venado. - insistió el Kotre - .     
¿Quieres que te lo demuestre?
Diciendo esto tomó el ratón, le haló las orejas y el estiró las patas. Entonces, vio  como el ratón se transformaba en un gran ciervo de majestuosa cornamenta.      
-¿Quién eres tú ? ¿De dónde vienes? - Preguntó maravillado.      
-Soy de la familia Kotre y vivo muy lejos, mas no puedo decirte donde.
El yukpa le pidió que le hiciera conocer su familia e insistió tanto que el Kotre a pesar de que le estaba prohibido llevar extranjeros a la casa, finalmente accedió, con la condición de que jamás revelara la existencia de los Kotre, ni nada de lo que allí viera: Si me prometes que no contarás a nadie lo que veas, te llevaré conmigo. El yukpa prometió que guardaría el secreto.
Después de mucho caminar, un atardecer llegaron al pueblo de los Kotre. El yukpa se sorprendió muchísimo viendo aquella familia tan trabajadora. Todo el mundo hacia algo: unos tejían hamaca, otros fabricaban arcos y flechas, otros más elaboraban cestas, las mujeres cocinaban los alimentos, los hombres preparaban la chicha y cortaban la carne, los niños ayudaban.
Había mucha gente en movimiento, todos estaban  muy animosos y entusiasmados.     
-¿Qué fiesta celebran? - pregunto el yukpa.
-No es ninguna fiesta - le contestó el Kotre - , nosotros vivimos así, todos juntos, y nos repartimos el trabajo, la comida y la caza.
El yukpa comió, bebió y su corazón estaba alegre. Se encontró tan bien entre aquella gran familia, que se quedó a vivir allí se casó con una linda muchacha Kotre y tuvo cinco hijos.
Pasaron muchos años. Al hacerse viejo, se acordó de su gente y decidió volver al pueblo. Los Kotre no querían que se fuera, porque temían que revelar a otros la magia de aquella extraña raza. Pero prometió regresar pronto y no contar a nadie sobre ellos.
Solo entonces accedieron a dejarlo partir.       
Todos querían saber dónde había estado, pero el solo decía:     
-En otro país.
Tanto insistieron en conocer el nombre del otro pais que luego de seis años el
yukpa al fin revelo el misterio.     
-Todo este tiempo estuve con los Kotre.
En ese mismo momento, la familia Kotre desapareció. Se transformaron todos en búhos, incluso los hijos del yukpa.
Cuando el quiso regresar al país de los Kotre no encontró a nadie. Las chozas estaban vacías. Al anochecer vio en las ramas de los arboles muchos búhos que cantaban y lo miraban con fijeza.
Así fue como desapareció la familia Kotre, por un cazador yukpa que no supo  guardar el secreto.

Tomado de “El mundo mágico de los yukpa”, Marisa Vanini y Javier Armato, Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana  (2005)


CANTO SOBRE LA HISTORIA DE LA BABILLA (etnia piaroa)
Wajari le dio cuerpo a la babilla, le dio forma sobre una mesa, luego le dio piel y por último le sopló los pensamientos con agua amarga y chicha envenenada. La babilla no tiene lengua. La chicha se la quemó. Por eso dijo Wajari  que era mejor si la babilla vivía en el agua, donde también vivían su madre y su padre.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).


MUKA KUYELI: “CANTO CONTRA TODAS LAS ENFERMEDADES ANIMALES” (etnia piaroa)
En la montaña sagrada de Tiannawa hay un águila que los piaroa jamás han visto. Se llama Muka Kuyeli. Cantan sobre ella en todos los cantos. También Muka tiene un canto, que protege a los pichones contra la enfermedad si comen carne, puesto que el águila come todo tipo de animales: monos, pavos, báquiros. Este canto de Muka transforma la carne de los animales en alimento vegetal inofensivo, como la papa. Los piaroa cantan contra sus propias enfermedades el canto de esta águila.
Muka Kuyeli vive como Enemey y Redyo. Mucha gente, hombres y animales se encuentran en la casa de la buena Tchejeru y del bueno Enemey y cantan contra las enfermedades animales. El de ellos fue el primer canto en el mundo. Y los piaroa todavía lo siguen cantando. Los cantores piaroa dicen así: “Quisiera poder comer como Muka, para que la carne del pavo, del mono y de otros animales sea como la papa.Quisiera poder comer como Yubeku, como Enemey, como Winilki...”. Tchejeru los llama chao, es decir padre.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).


EL CANTO DEL ARMADILLO (etnia piaroa)
Al principio solamente Remu, el gran armadillo, vivía en su recinto sagrado, junto al bajo Orinoco. Eso fue antes del nacimiento de Buoka. Remu dijo: —Enemey Ofo’daa me dio cuerpo, huesos, piel. Aún era un niño cuando llegó a la superficie de la tierra: no vio claridad, no vio agua, ni montañas, ni estrellas.
Luego nació su hermano Sera, el pequeño armadillo, y él también siendo niño, dejó el recinto sagrado. Cuando llegó a la superficie de la tierra, él tampoco vio nada. Llegaron a la superficie bajo un platanal. Primero vino Remu y luego Sera.
—Sera –preguntó Remu–, ¿cómo puedes ver sin claridad? ¿Cómo puedes vivir sin agua?
Sera respondió así: —Vivo porque le ordené a mis pensamientos que me consiguieran agua. ¡Me acostumbré a vivir así!
Bajo la tierra escucharon la voz de una cascada. Remu se dispuso al momento a excavar la tierra a ver si encontraba la caída del agua. En sí no sabía cómo llegar hasta el agua. Su hermano, Sera, era más pequeño y más delgado. Primero escuchó la cascada y una voz animal sobre sí. Acechó durante un rato y luego volvió a la superficie.
Entonces escuchó bajo sí la voz de la cascada. —¿Qué pasa aquí? –preguntó–. Esta voz se mueve. Sera dijo: —Sopla yopo, tal vez entonces puedas encontrar el agua.
Preparó el yopo, le dio hojas de palma a su hermano para que en ellas recogiera el agua. Sera volvió a bajar a las profundidades de la tierra. Vio que el agua no
podía llegar a la superficie porque un dique se lo impedía. Sera se metió más abajo y vio unos hombres que cuidaban el agua. Se puso a conversar con ellos.
Después abrió el dique y el agua lo atravesó. Arriba Remu reunió un montón de hojas de palma para poder recoger agua con ellas. Pero ya el agua corría en un tumulto. Sera subió a la tierra y le preguntó a su hermano cómo van las cosas.
Remu respondió: —Hay demasiada agua para poderla recoger.
Sera le pidió: —Recoge toda el agua que puedas.
Pero no pudo; así es que Sera bajó y cerró el dique. Si lo deja abierto,
todo el mundo se hubiera ahogado. ¡Pues ya tenían agua! De aquí se formó una de las ramas del Cuao superior. Aquí se encuentra la mejor agua del mundo, que nunca se seca, y de ahí se originan todos los ríos de la tierra.
Luego de esto, Remu y Sera comenzaron a trabajar en la tierra. Prepararon tierra roja, amarilla y blanca. Tomaron un poco de tierra y la amasaron como casabe, y la tierra, por sí sola, comenzó a crecer y crecer. Comenzaron el trabajo en el centro de la tierra, y en su derredor, en forma circular comenzó a tomarse cada vez más y más tierra. Al principio, el suelo era muy delgado, mas ellos lo hicieron espesarse.
Sera le ordenó a su hermano que cultivara la tierra, pero Remu no sabía nada del yopo. —No sabes nada –dijo Sera.
Por eso Sera sopló la tierra que él mismo creó y de eso creció. Ya estaba lista la tierra y tenía un pequeño río. Sera bajó de nuevo a las profundidades de la tierra para conseguir más agua. Abrió el dique y el agua que brotaba a borbotones corrió y se esparció a través de canales.
Por eso es que el agua tiene forma de río. Sera le dio nombre a los ríos y a sus afluentes. Cuando creó el primer río, no existía aún el Orinoco sino el Cuao.
Más tarde, cuando crecieron Buoka y Wajari, agrandaron el Orinoco. También fueron ellos los que crearon el río del mar.

Tomado de: Cuentos y mitos de los piaroa. Lajos Boglár  Fundación Editorial El perro y la rana (Caracas, 2015).


sábado, 24 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (22)


Imagen en el archivo de Amazonia Viral



KANAIMA (Enrique Plata Ramírez)
En todas partes habitaba Kanaima, el espíritu del mal. Los Marines temen encontrarse con cualquiera de sus manifestaciones. Sólo aquellos que van a morir pueden ver a Kanaima.
Obstinada de los maltratos físicos de Kevei, su marido, Iroraqui esperó a que se durmiera y con valentía, le asestó un fuerte garrotazo en la cabeza.
La siguiente mañana la encontraron los demás guerreros de rodilla ante el chinchorro del fallecido marido. Ella, sin contener su llanto, les dijo:
Vino anoche, sigilosamente, y mientras dormíamos, con su gran garrote, Kanaima le aporreó el cráneo a mi dulce marido.

EL ORIGEN DEL GABÁN, DE LA GARZA BLANCA, DE LOS CARPINTEROS CABEZA AMARILLA Y CABEZA ROJA (etnia Piapoko)
En una choza cerca de una laguna, vivían cinco viejos y dos hijas grandes, en edad de matrimonio. Cuando iban a buscar la yuca le prohibían a las muchachas salir de la casa. Podrían bajar de los chinchorros únicamente para comer el moñoco. Las dos indias siempre desobedecían. Tan pronto como quedaban solas partían a la laguna a pescar sardinas y bañarse. Al regresar se encaramaban en los chinchorros de un salto desde la puerta, sin dejar rastros de desobediencia. Cada una se cubría la cabeza con un pedazo de wabana (2) blanco. La mayor se llamaba Uco y la menor Atarinavi. Dos indios las querían por esposas. Se distinguían por el color de su wabana, uno era rojo y otro amarillo. Cuando ellos visitaban la casa de día, a nadie encontraban. Los padres y los abuelos estaban en el conuco, las muchachas en la laguna.
Un día a las indias les empezaron a salir plumas. Avergonzadas se cubrían el cuerpo con la wabana. No se dejaban mirar ni de los parientes ni de los novios. Otro día, los brazos se les convirtieron en alas y las bocas en picos. Volaban en vez de bajar de los chinchorros. Así no las podían querer ni sus padres ni sus novios. Avergonzadas decidieron entonces abandonar la choza. Levantaron el vuelo y se largaron a las lagunas y a los caños a comer sardinas.
De la mayor se formaron los ucos, los grandes gabanes de los ríos. De la otra los atarinavis, las garzas blancas.
Regresaron en la noche los padres, y en vez de sus hijas, encontraron plumas en los chinchorros. También los novios se pusieron muy tristes al enterarse de la desaparición de sus prometidas. Todos cantaron y lloraron. Al amanecer los novios se internaron en la selva a buscarlas. Pero no regresaron más, se mudaron en suwa, pájaros carpinteros cabeza roja y cabeza amarilla.
1. Gabán: Ave zancuda de gran tamaño que habita en los caños y lagunas de los llanos y selvas venezolanas.
2. Wabana: tejido fino elaborado con la fibra de una palmera. El criollo lo llama de la región lo llama «marina».

Tomado de Cuentos Indígenas Venezolanos de Antonio Pérez-Esclarin y Alexander Hernández. Distribuidora Estudios. Caracas (1996)


MITO SOBRE EL ORIGEN DEL FUEGO ENTRE LOS YARURO (Gilberto Antolínez)
Sir George James Frazer, el eminente mitólogo escocés, al estudiar los diversos mitos sobre el origen del fuego en América, no pudo incluir el mito propio de los indios Yaruro que habitan los ríos Capanaparo y Sinaruco, en nuestro estado Apure, pues el material pertinente aún no había sido colectado. En cambio, incluye los mitos de los Taurepàn, Arekunà, y Warao, que tenemos en común los dos primeros con el Brasil y los últimos con la Guayana inglesa. El mito de los Yaruro es cortísimo y va incluido en el “Mito de la Creación”, colectado por el acucioso investigador Profesor Petrullo. Para mejor comprensión explicare de antemano quienes son algunos personajes que intervienen en el mito. En primer lugar, tenemos a Puana, o sea, La Culebra de Agua, fuente de toda sabiduría, luego tenemos a “Itciai”, o “El Tigre Yaguar”, colaborador asiduo de Puanà. Ambos son  los seres míticos antecesores, respectivamente, de cada uno de los dos clanes en que están divididos los Yaruro del Capanaparo, en tercer lugar está Kuma, la madre de los Yaruro, divinidad benéfica que tiene su cielo en occidente. Le sigue Kiberoh, la mujer maligna que habita en el cielo del oriente. De Kuma, Puanà e itciai nació el héroe cultural Hatchawa, que es al mismo tiempo nieto de Puanà e Itciai; esta incongruencia se explica por el hecho de que los Yaruro no tienen ideas suficientemente claras acerca del valor de la cópula en la procreación. Y ahora entrare a dar muy resumido el mito.
“En el principio no existía nada. Entonces Puanà, la culebra, qué llego primero, creo el mundo y todo lo que este contiene, incluso los cauces de los ríos, excepto el agua. Itciai el Yaguar, creo el agua, Kuma fue la primera persona que pobló la tierra.
Entonces las otras gentes fueron creadas. Todo nació de Kuma  y todas las cosas que los Yaruro hacen fueron inventadas por ella. Kuma fue embarazada. Ella quería serlo en el dedo pulgar, pero Puanà le dijo que su progenie se multiplicaría en la forma ordinaria.
Hatchawa  nació nieto de Kuma, Puanà e Itciai. Desde entonces la atención de los tres se concentró en el muchacho. Hatchawa era muy pequeño pero pronto creció y se hiso de gran tamaño. .Kuma se preocupaba de su educación. Pero Puanà se preocupó más por él. Puanà le fabrico una flecha  y un arco y le enseño a cazar y pescar. Hatchawa encontró un hoyo en la tierra cierto día y miro dentro de él. Viò a muchas gentes, vino hasta sus abuelos y les exigió que sacaran del hoyo a alguna parte de esas gentes. Kuma no quiso acceder pero Hatchawa insistió. Puana le fabrico una cuerda delgada y un anzuelo y la tiro en el hoyo. La gente subió en números de muchos hombres y mujeres. Finalmente una mujer embarazada trató de salir, pero con su peso reventó la delgada  cuerda.Esta es la razón por la cual hay poca gente. El mundo estaba oscuro y frio. NO Había fuego. Entonces apareció Kiberoh, que traía fuego en su seno, y por exigencia de kuma  lo dio al infante Hatchawa. Pero cuando el niño quiso darlo al pueblo, Kuma se opuso, y entonces, él con gran inteligencia, lanzo peces jagupa vivos en el fuego y éstos lo diseminaron a su alrededor en la forma de carbones encendidos. El pueblo agarro las brasas y corrió en todas direcciones para encender sus propios fuegos. El primer fuego había sido mantenido ardiendo en la tierra de Kuma, en una alta colina circular cubierta de pastos. Todas cosas fueron primero creadas y dadas al muchacho, y este las fue pasando al pueblo. Una parte de estas gentes eran los Yaruro”.
Frazer ha demostrado que la generalidad de los mitos del origen del fuego presentan tres etapas sucesivas: la “Edad sin Fuego”, la “Edad del fuego Conocido” (Pero en la cual el hombre no sabía encenderlo), y la “Edad del fuego encendido”. En el mito Yaruro aparecen la primera edad muy netamente; Falta la segunda, porque cuando los dioses adquirieron el  fuego, el hombre no existía todavía sobre la tierra; y se nos muestra también la tercera. Sabemos además que en esta clase de narraciones siempre aparece el afortunado poseedor del elemento llameante, como un ser egoísta que no quiere dejar a los demás participar de sus excelencias. Entonces hay que robar el fuego. Aquí el ladrón es Hathawa, que comete el hurto con la generosa idea de donárselo al hombre; es el “Urometeo Yaruro” Robador del fuego del cielo”. En los mitos Taurepàn se habla de una mujer llamada “Pelonosamo”, quien, como Kuma, tenía fuego en su cuerpo, de donde lo sacaba para tostar sus tortas de  casabe. En los mitos Warao, otra vieja llamada “Nañobo” La Gran Rana”, vomitaba fuego por la boca para cocer sus víveres, y luego lo ingería de nuevo, para que sus adoptivos hijos  Pía y  Makunaima no lo viesen. En los mitos de los Taruma, indios Arawak de las selvas del sur tales de la Guayana inglesa, una vieja casada con uno de dos ge se estrujaba la parte superior del abdomen y entonces una bola de ruego le salía rodando  del propio canal genital.
El Hoyo donde estaba primitivamente viviendo la gente primordial, es la tierra de abajo o mundo inferior, del cual tantos mitos americanos hablan. En los mitos Warao y Karibe de Guayana, en cambio, las primeras gentes vienen de la tierra de arriba o cielo. Precisamente en su mito del origen del fuego, los hombres y mujeres se descuelgan desde allá por un agujero hasta nuestra tierra, hasta que una mujer preñada obtura el hueco, y tanta fuerza se hizo para sacarla  de tal posición, que le sacaron las entrañas, las cuales cuelgan hoy allí convertidas en la estrella de la mañana. Esta mujer se llamaba Okonakura. Las cosas suceden al contrario que entre los Yaruro. El primer hombre Warao que bajo d fue Okonorote, vale decir Señor de la Luz del día; debajo de un gran árbol encontró  a un sapo; al subirse Okonorote cortó del árbol un gran racimo que cayó sobre el batracio y este despidió un fuego tan violento que abrasó toda la tierra.” Este fue el primer fuego que hubo en la tierra, y de  él proviene todo el que hay actualmente”.

Todos los mitos de esta clase convienen en que la madera puede ser ahora encendida por que los hombres, al robar o recibir el fuego lo introdujeron en un árbol, leño, pasto u otra cosa semejante. Y opinan que el pedernal tiene la virtud de dar chispas al ser golpeado porque en el pusieron también un poco del fuego primordial, o bien en una rocosa montaña: la alta colina circundada de pastos en la tierra de Kuma, del mito Yaruro, se refiere a entrambas creencias antiquísimas. No obstante  el método por el cual encienden fuego los Yaruro no es el de percutir pedernal o cuarzo, sino el de frotar, sobre la hendedura hecha en un madero, una vara seca aguda que se hace girar entre las manos. Este método es llamado “método de taladro a fuego” (en inglés.”fire-drill”).

viernes, 23 de junio de 2017

Breves cuentos, mitos y leyendas indígenas (24)

Imagen en el archivo de Juan Bautista Castro

EL KALIAWIRINAE (El Árbol  del Alimento) Mito de los Guahibos y Piapoco
Al comienzo la tierra era una extensa sabana poblada por escasos árboles. Ésta era gobernada por Purnaminali y sus hermanos: Iwinai, Kapuyali y Tzamani, quienes gozaban de grandes poderes utilizados en el bienestar de la comunidad conformada por animales que se alimentaban de palos podridos. Uno de ellos llamado Kutsikutsi (mono nocturno), acostumbraba a salir discretamente para dirigirse hacia el gran río Orinoco en busca de alimento.
 Una noche, cuando se desplazaba hacia el gran río, un bejuco barbasco llamó su atención por su prolongado tallo que alcanzaba a atravesar el Orinoco. Kutsikutsi curioso y decidido se trepó a éste impulsándose hasta llegar a la copa de un frondoso árbol, “El Kaliawirinae”, cuyo ramaje sostenía diversas frutas y raíces como: tabena, papaya, batata, yuca, piña, ají, banano, ñame…,etc. Kutsikutsi, extasiado y sorprendido por un olor dulce a piña, comió hasta empalagarse y pensó no revelar su hallazgo a los otros.
 A la madrugada regresó muy satisfecho a la maloca, se acostó junto a Lapa y quedó profundamente dormido. A salida del sol y con la suave brisa que corría, Lapa despertó al sentir un olor embriagador y un susurro que provenía de la boca de Kutsikutsi:
-“Aii taxa kuibo màwiru” (tengo sabor a piña la boca).
 Ella corrió Tzamani y le preguntó:
-¿Qué significa lo que dice Kutsikutsi?
-¡Creo que, él ha comido un fruto dulce; debe seguirlo a donde vaya sin que él se dé cuenta!; así nos informaremos del lugar donde obtuvo el alimento.
 Al anochecer, bajo los rayos destellantes de la luna, la comida descansaba sumida en un profundo sueño, a excepción de Lapa quien seguía silenciosamente los pasos de Kutsikutsi.
Transcurrido un largo tiempo, el mono se detuvo frente al gran río, ato su cuerpo al bejuco y se impulsó para llegar al otro lado del Orinoco. Lapa se sumergió sigilosamente en las turbulentas aguas para llegar al mismo tiempo al Kaliawirinae.  Kutsikutsi se sentó en la copa del árbol, agarró una piña y empezó a saborearla arrojando las càscaras a la tierra. Lapa las atrapó pensando en degustar el propio fruto, y pensó:
-“¡Zúa!, cáigase una fruta…”.
 Al instante un jugoso fruto se escapó de las callosas manos del mono. Lapa agarró la piña y corrió a esconderse en un agujero. El mono al percatarse de la presencia de la abuela se enfureció y se lanzó a recuperar el fruto, pero solamente logró atrapar la cola de Lapa, arrancándosela completamente (por eso la lapa no tiene cola).
 Cuando Kutsikutsi se marchó, Lapa fabricó un Kote y lo llenó de toda clase de frutas que le brindaba el Kaliawirinae. Contenta regresó a la maloca y despertó a la gente para mostrarles su hallazgo.
-¡Vean lo que el viejo come por allá!, les dijo.
 Todos muy sorprendidos se lanzaron sobre el kote para saborear los frutos. Al momento, llegó el mono furioso con un tizón en la mano, se dirigió a la Lapa diciéndole:
-Abuela, ¿por qué ha estado espiando?
 Lapa, temerosa, acercándose al fogón, se armó con un tizón y le dijo:
-“¡Esta tierra es nuestra madre y ha producido el Kaliawirinae y como madre, desea que todos sus hijos sean alimentados justamente; no comprendo cómo su codicia desmesurada nos priva a lo que tenemos derecho. Mis nietos y yo hemos sentido hambre alimentándonos de palos podridos desconociendo la existencia del Kaliawirinae, en tanto usted disfrutaba en silencio la variedad de fruto.
 Kutsikutsi, furioso, hundió el tizón en el hocico de Lapa causándole quemaduras parecidas a las pecas. Al sentirse dolorida, lanzó el tizón con furia a la cola del mono dejándosela totalmente pelada; éste daba saltos estremeciéndose del dolor.
 Al día siguiente, Pumaminali organizó a la comunidad para emprender la búsqueda del Kaliawirinae. Algunos recogieron quijadas de pescado, otros labraron canoas para cruzar las turbulentas aguas…
 Cuando llegaron junto al árbol, se sintieron fascinados al observa la prodigiosa planta.
 Loro, paujil. piapoco, garza, carpintero, empezaron a picotear el tallo. Danta, lapa, ardilla, aserraban con los huesos de pescado, pero tanta faena era insuficiente. Tzamani, a causa del arduo trabajo convidó a un grupo de la comida para ir a la maloca del abuelo Palemeku, padre de las herramientas. Al llegar allí Tzamani se dirigió a él diciéndole:
-Necesitamos herramientas poderosas  para derribar el árbol del alimento. Solo usted podrá brindárnoslas.
-“¡m – m – m –, yo no tengo herramientas de trabajo, por lo tanto no puedo ayudarlos!”, - les dijo.
Ante la negativa, la gente le ofreció yopo, pero a pesar de esto él no accedió. El afán de continuar con el trabajo, hizo que Tzamani se transformara en mosca bobo y se introdujera por la nariz del abuelo quien al instante arrojó toda clase de herramientas.
 La mujer de Palemeku, furiosa por lo sucedido preparó envueltos de hojas que originaron la lluvia, los zancudos, la pereza… provocando la huída de la comunidad quien se apoderó de los instrumentos para talar el misterioso árbol.
 Al anochecer, cansados por la ardua tarea, se retiraron a descansar arrullados por la melodía suave producida por las corrientes del río y vigilados por la majestuosa luz de la luna.
 Al amanecer despertaron y corrieron hacia el árbol, sus rostros quedaron perplejos al ver que el Kaliawirinae permanecía intacto, sin rastro alguno de haber sido tocado.  Tzamani, sorprendido exclamó:
-“¡Este árbol es mágico, sus heridas son curadas por él mismo… debemos llamar a los abuelos Púbu (hormigas) para que alejen las astillas y así evitaremos de nuevo su formación!”.
 Con ayuda de los abuelos emprendieron la fragosa tarea. El árbol se mecía pero no caía porque estaba sostenido por el bejuco de barbasco que lo ataba al cielo.  Tzamani subió en forma de ave para trozar el bejuco, pero al picotearlo, la savia espesa le cayó en los ojos; sus alas se sacudían intentando protegerse, pero el dolor que sintió hizo que se lanzara al suelo emitiendo gritos.
-¡Ay, ay, ay… No puedo, es un bejuco muy grueso!
 Pumaminali se acercó al pájaro para ayudarlo y envió a los abuelos Materi (ardillas) quienes enseguida empezaron a roer:
-rac, rac, rac…
 Al cortarse la liana, el Kaliawirinae cayó al oriente, esparciendo toda clase de frutos originando así la comida.

 EERI – KEERI (SOL Y LUNA) Mito de los Guahibos y Piapoco
Bien dentro de la selva vivía una pareja caníbal que permanecía con sus sobrinos cuando los padres estaban de cacería. Todos los días la mujer simulaba espulgar a los niños mientras le succionaba la sangre hasta causarles la muerte.
Cuando regresaban los padres, les informaban que algunos de sus hijos habían muerto por causas extrañas; ellos, acongojados, daban sepultura a sus hijos, quienes más tarde eran desenterrados por la pareja caníbal, despojándolos de uñas y dientes con los cuales elaboraban collares. Luego arreglaban los cuerpos para asarlos y consumirlos.
La gente preocupada por las continuas muertes decidió investigar la causa de éstas, y fue así como un miembro de la maloca encontró los collares hechos de uñas y dientes dentro de las pertenencias dela pareja caníbal.
La comunidad acordó castigarlos enérgicamente ofreciéndole chicha con veneno y arrojándoles agua caliente.
La mujer corrió hacia el río para disipar su dolor, mientras que el hombre soportaba las intensas quemaduras.
 Al ser desterrada la pareja del caserío, ascendieron al cielo transformado en Eeri, que a causa de sus intensas quemaduras fue obligado a brindar calor a la tierra y Keeri, que al sumergirse en el agua al ser castigada se le asignó la tarea de refrescar la noche.

LA ASCENSIÓN AL CIELO Mito de los Guahibos y Piapoco
Una mañana, cuando los Tsamani se encontraban en el conuco, los niños en el cacerío jugaban imitando el baile de los mayores. De pronto, escucharon un trueno y una luz resplandeciente los envolvió; era Yamaxu – el Rayo – quien los llevó a su territorio celestial.
Cuando los Tsamani regresaron a la maloca se sorprendieron al no escuchar las risas de los niños; confundidos, afanosamente los buscaron en el río y la selva sin hallar rastro de ellos. Cansados y angustiados los Tsamani se acurrucaron en silencio formando un círculo  para ejecutar un rezo, pero el sonido de una melodía lejana los interrumpió; tornando sus cabezas hacia la fuente del sonido no les quedó duda alguna de que eran sus hijos. A partir de ese momento, comenzaron a bailar, sorber yopo y consumir mucho yaraque con el fin de tornar sus cuerpos livianos y así poder ascender.
 Después de muchos días de ayuno y danza, Tsamani no pudieron ascender porque sus cuerpos aún estaban pesados debido a la abuela Ibarouwa quien no quiso bailar, y siempre estuvo alejada del grupo por permanecer con su amante Maxuneje- el Caimán – en la orilla del río.
Purnaminali le prohibió a abuela Ibarouwa esos encuentros clandestinos con Maxuneje, pero ella continuó desobedeciendo a los Tsamani.
Purnaminali ideó un plan para acabar con Caimán. Así un día que Ibarouwa estaba lejos de la aldea, Kawainalu – hermana menor de los Tsamani – se vistió con el camisón de Ibarouwa y corrió hacia el río en compañía de sus hermanos; allí, ella golpeó el agua con una totuma llamando a Caimán, quien salió presuroso creyendo que era su amante. En ese momento Purnaminali destrozó la cabeza del animal arrancándole la quijada.
Al día siguiente, Ibarouwa se dirigió al río llamando a Maxuneje sin encontrar respuesta alguna; entonces, se sumergió en las aguas encontrándolo muerto en el fondo.
Agarrando el cuerpo inerte del animal lo sacó del río y al tenderlo sobre la playa se dio cuenta que Maxuneje había sido despojado de su quijada. Completamente encolerizada, Ibarouwa creó una payara para que devoraran a Purnaminali cuando se bañara; y así fue. 
Los hermanos, al notar la ausencia de Purnaminali, recriminaron a la abuela por su acción.
 Los Tsamani crearon raudales para impedir que el pez avanzara, pero éste continuaba su recorrido en forma acelerada; por lo tanto, acudieron a Gavilán Pescador quien capturó a Payara y liberó a Purnaminali.
 Los hombres, de regreso a la maloca, pensaron apresurar el ascenso, lanzando sus flechas una a una, pero ninguna lograba adherirse al cielo. Kawainalu se acostó agarrando el arco entre sus piernas y tiró de éste fuertemente, logrando ubicar la flecha en el cielo. A causa de la fuerza producida por su cuerpo, comenzó a sangrar por la vagina, originando la menstruación en todas las mujeres.
 Los Tsamani continuaron lanzando flechas formando una escalera; cuando la terminaron, Tsamani, con la quijada del Caimán, emprendieron la subida junto con Purnaminali, Iwinai y Kawainalu. Otros quisieron ascender pero el peso de sus cuerpos reventó la escalera, arrojándolos a la tierra convertidos en animales que formaron diferentes clases como: Tigre, Loros, Venados, Tortugas,… etc.
 Hallándose los Tsamani en el cielo se separaron para enfrentar el poder de Yamaxu.
 Tsamani, transformado en lagartija, se dirigió a casa de Yamaxu para copiar los grabados del bastón que él utilizaba como arma.
 Al día siguiente los Tsamani con un bastón  similar al de Yamaxu lo visitaron, pero sólo se encontraba su compañera a quien distrajeron para cambiar el arma. Al llegar Yamaxu y ver extraños en su casa se sorprendió: agarró el bastón y preguntó:
-¿Quiénes son ustedes?... ¿Qué desean?...
 Purnaminali respondió:
-Somos los hermanos Tsamani y estamos buscando a nuestros hijos!... Además, deseamos permanecer en el cielo!...
 Al escuchar esto, Yamaxu pensó exterminarlos con su poderoso bastón y se dirigió a ellos dándoles bastonazos, pero los Tsamani nada les pasó. Purnaminali, con el bastón que habían cambiado, saludó a Yamaxu con un garrotazo. El cuerpo de Yamaxu se desintegró y su compañera horrorizada culpó a los hermanos quienes la tranquilizaron reuniendo las partes de Rayo; soplándolo con tabaco, al instante revivió.
 Rayo al sentir el poder de los Tsamani devolvió a los niños, y a la vez le asignó espacio para que permanecieran por siempre en el cielo.
 En la tierra, mientras tanto, Ibarouwa desesperada por la ausencia de los Tsamani, construyó un bongo y navegó por el río hasta encontrar el punto donde se unía el cielo con la tierra; así pudo ascender y ubicarse en el otro extremo de los Tsamani convertida en Estrella Polar.
 Desde entonces, se observa en el firmamento las constelaciones de: Kajuyali – Orión -, Kawainalu – Beta  Tauro -, Tsamani – Délphinus -:  Al otros lado se encuentra Ibarouwa – Estrella Polar -, bordeadas todas ellas por Kwemainu – Camino de Santiago-.

Todos los textos fueron tomados de: : Raíces, Mitos, Relatos y Leyendas, compilación de Bety Triana y Néstor Mendoza de la Editorial Montaña Mágica, Santa Fe de Bogotá, 1997.